En el interior de una Smart City
La inteligencia de datos será clave para lograr convertir las ciudades en ciudades inteligentes. Estos datos se recopilarán en diferentes contextos y durante largos periodos de tiempo, a través de aplicaciones móviles, wearables y sensores instalados en el mobiliario urbano. Una vez recogidos y analizados, los datos ayudarán a empresas e instituciones a diseñar soluciones que mejoren la vida de los ciudadanos.
Llenar la zona de sensores es una de las tareas más costosas a las que se enfrentan los municipios para recopilar los datos, por lo que deben recurrir a la colaboración con las empresas.
Entre las principales empresas que han formado consorcios con los ayuntamientos para llevar a cabo estos proyectos de ciudades inteligentes se encuentran Endesa (presente en Málaga y Almería), IBM (en Madrid y Barcelona), Indra (en A Coruña y Gijón) y Telefónica (en Santander y Valencia).
Los municipios lideran los proyectos, pero necesitan a las empresas. Esta colaboración público-privada es imprescindible para determinar los requisitos técnicos de un proyecto, implantarlo, ordenar los datos y utilizarlos de un modo útil.
Con esta colaboración obligada entre empresas privadas y entidades locales se estimula una nueva industria estratégica, es decir, las ciudades inteligentes generan numerosas oportunidades de negocio y posibilidades de colaboración entre el sector público y el privado. Se trata de un ecosistema que involucra positivamente a todos los grupos de interés: ciudadanos, organizaciones, instituciones, gobiernos, universidades, empresas, expertos, centros de investigación, etc.
¿QUÉ TECNOLOGÍA ESCONDEN LAS SMART CITIES?
El primer paso para conseguir el funcionamiento óptimo de una ciudad es incorporar sensores inteligentes a los elementos urbanos. Estos tendrán como objetivo recopilar todos los datos necesarios para entender en tiempo real cómo está funcionando la ciudad y administrar en consecuencia los recursos de los que disponemos.
Por ejemplo, podemos conocer la densidad de tráfico en las vías urbanas en cada momento, localizar plazas de aparcamiento libres, detectar cualquier problema en la recogida de residuos urbanos y saber si se está haciendo un uso excesivo del agua de riego o de la electricidad en el alumbrado público.
Para poder sacar provecho de estos datos que proporcionan los sensores, se necesita una plataforma tecnológica que recoja la información en tiempo real, la transmita, la almacene, la procese y la publique de forma inmediata en un soporte digital como, por ejemplo, la pantalla de nuestros smartphones.
Imagina que dudas entre coger el autobús o la bicicleta y te gustaría conocer el nivel de ocupación del autobús para no pasarte todo el trayecto de pie. Para conocer esta información, necesitaríamos que el autobús tuviera instalado un sensor que detectara el número de personas que viajan en él. Una vez recogido y procesado este dato, el sensor lo enviaría a una aplicación informática descargable en cualquier dispositivo digital. Probablemente, la aplicación que publicaría esta información sería la app del transporte público de la ciudad, así que solo necesitarías tener instalada la app en tu smartphone para poder hacer uso de este servicio.
Esta comunicación entre el sensor y el smartphone es un claro ejemplo de la relación machine to machine que obtenemos gracias al Internet de las cosas
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